La bochornosa negociación paritaria del SUPA y los presos que no puede excarcelar Corvalán

El Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) de Capital Federal y Dock Sud quedó envuelto en un malestar con sus bases luego del acuerdo firmado entre las Terminales y la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval (FeMPINRA). A modo de acuerdo espejo, el cacique del SUPA , Juan Corvalán, prometió hace una semana, según sus bases, mejoras salariales superiores al 50 por ciento si implementaban un paro, violando aún la Conciliación Obligatoria vigente.

Una semana después, no solo no logró esto sino que se ganó hoy una panfleteada de sus propia gente por ”no lograr lo prometido“. Además, por estas horas los familiares de los 6 detenidos por la violencia que el SUPA implantó el domingo pasado y que tuvo hasta un herido de bala, fueron trasladados al Penal de Marcos Paz.

Panfletos críticos de la conducción del SUPA.

También los 57 detenidos procesados identificados como trabajadores y algunos como grupos de choque con antecedentes penales, desfilarán por la justicia. La desesperación por las causas penales fue tal que aún no fue desmentida por el SUPA la versión sobre la contratación de Fernando Burlando para sacar a los presos.

En el plano de la negociación, anoche en salas diferentes cerraron el acuerdo la FeMPINRA y el SUPA. Para este último con un sabor amargo, ya que primó la “Paz Social” lograda por la Federación y dos horas más tarde, sin opción, Corvalán no tuvo más opción que firmar el acuerdo.

La bomba de humo de la FEPA

La irracionalidad con la que se manejó el SUPA jugó un rol casi desestabilizador de las operaciones portuarias, que por estas horas retornan a la normalidad. También transcendió que el Ministro De Trabajo, Claudio Moroni, destacará la vocación de la FeMPINRA para lograr un acuerdo salarial con las empresas.

También deja un sabor amargo la jugada de Corvalán -sin mucha creatividad-, de amenazar el martes con un paro nacional de estibadores. No tuvo éxito en la tarea de despertar de su siesta a la Federación de Estibadores Portuarios (FEPA); un sello del que se apropió por décadas el procesado Herme “Vino caliente” Juárez, y que reúne a un puñado de sindicalistas dispersos en los puertos con la personería única de estibadores.

El objetivo fallido era buscar asustar a los funcionarios con los puertos parados sino se cerraba también la paritaria del denunciado Corvalán. De haber ocurrido el paro, podría tratarse de un hecho histórico, ya que no se registra ninguna medida efectiva y coordinada, desde la lucha de los años noventa contra la privatización menemista.

Los alcances del acuerdo

Es que el dolor del SUPA es el tiempismo que manejo la FeMPINRA -que tiene como hombre fuerte al Guincheros Roberto Coria- ya que promovió y cerró su acuerdo paritario con vigencia hasta mayo de 2021. El mismo comprende un incremento salarial del 30% interanual y dos bonos extraordinarios de 20 mil pesos, uno de ellos en concepto de gratificación por los servicios prestados durante la pandemia.

De esta manera, la Federación cerró un incremento del 30% interanual que se pagará un 5% remunerativo en octubre, un 5% remunerativo en diciembre y un 10% remunerativo en febrero de 2021. También resolvieron con las Terminales volver a reunirse en abril de 2021, ya que el acuerdo tendrá vigencia hasta el 31 de mayo del mismo año. Ósea lograron llevar estabilidad laboral y salarial frente al caos que promovía él propio clan Corvalán siempre pensando en acciones incendiarias.

En lo que es la gratificación por “trabajo esencial durante la pandemia”, Roberto Coria logró un buen acuerdo, que será de 20 mil pesos a pagarse en octubre y luego habrá suma de fin de año de $36.400 y una gratificación extraordinaria de 20 mil pesos más, ambas con fecha de pago en enero y febrero de 2021, ósea 56 mil pesos.

Lo importante también fue que la FeMPINRA logró también plasmar en el acta el compromiso de parte de las empresas de “armar una mesa de diálogo a partir del 15 de octubre con el objetivo de ir incorporando tercerizados a la plantilla de empleados de planta”, una bandera que SUPA nunca logró poder consolidar a pesar de sus continuos reclamos.