Un hombre lleva más de un mes atrapado en un aeropuerto

Esta es la historia de Hassan al Kontar, quien al intentar escapar de la guerra en Siria terminó varado en tránsito en la terminal aérea de Kuala Lumpur y sin destino. 

Escapar de la guerra en Siria no es fácil. Una salida, con consecuencias muchas veces fatales, es salir por Turquía, embarcar hacia Grecia y desde allí internarse en Europa. Y no hay final feliz garantizado. Otra vía de fuga es la que emprendió el sirio Hassan al Kontar, y tampoco le fue bien. Hace más de un mes que está varado en la zona de tránsito del aeropuerto de Kuala Lumpur, como el personaje de Tom Hanks en la película La Terminal, y nada parece indicar que podrá salir de ahí en breve. 

Hassan, sirio, se niega a volver a su país. “Esta no es mi guerra”, dice en su cuenta de Twitter, donde sube videos de su vida en el aeropuerto, dejando testimonio de sus días en la zona de tránsito: asientos duros, grandes ventanales, aviones estacionados en sus mangas. Una almohada. Un apoya cabezas. Un bolso. Metros de pasillos y puertas de embarque. Y sobre todo, soledad. 

Su destino final, el que soñó cuando se le cerraron todas las puertas, el que terminó ideando como plan B a todos los otros planes fallidos fue llegar a Ecuador. Pero ese también quedó fuera del mapa cuando, al intentar hacer una conexión aérea, quedó atrapado como una mariposa en una red. 

Hassan aterrizó en Kuala Lumpur, luego viajó a Camboya para finalmente intentar llegar a Quito. Pero el proyecto se torció y lo depositó de regreso en Malasia. 

Hassan al Kontar, de 36 años y miembro de la minoría drusa, dice que reservó un vuelo a Camboya el 7 de marzo, pero las autoridades camboyanas le impidieron la entrada porque no contaba con una visa y fue expulsado de vuelta al aeropuerto de Kuala Lumpur. Hassan terminó siendo noticia en el diario Phnom Penh Post, en el Guardian, en la BBC…
 

Su intención era pasar unos días en Camboya antes de volar a Ecuador, donde quería pedir asilo político. 

De Siria a Ecuador 

El periplo arranca antes. Mucho antes. Hassan huyó en 2006 de Siria para evitar el servicio militar. Por eso aún hoy pesa sobre él una orden de arresto. Luego trabajó entre 2006 y 2017 en Emiratos Árabes Unidos, pero problemas con su pasaporte y permisos lo forzaron a volar a Malasia con un visado de turista de tres meses. 

“Volé a los Emiratos para buscar trabajo pero debido a la guerra, perdí tanto mi permiso de trabajo como mi empleo allí y tuve que huir desde entonces”. 

Fue deportado de Emiratos a un centro de retención en Malasia “porque es uno de los pocos países en el mundo que ofrece al llegar visas a sirios como yo”, explica. 

Le dieron una visa de tres meses como turista y buscó una solución mejor: Ecuador. 

“Decidí que quería ir a Ecuador así que ahorré algo de dinero para comprar el pasaje por Turkish Airways. Pero por alguna razón, no me aceptaron en el vuelo y me encontré de regreso a cero”, contó a la BBC. 

Para Hassan, la guerra en Siria “no es de los sirios”. Y su historia, “es la historia de cientos de sirios”. Y aclara que Turkish Airlines no quiere hacer comentarios con la prensa. 

Las cosas para Hassan se pusieron peor porque además tuvo que pagar una multa por sobrepasarse en el tiempo de permanencia de tres meses y lo pusieron en una “lista negra”. Ese fue “el tiro de gracia” para su periplo. 

Encaró hacia Camboya, donde le prohibieron la entrada. Le confiscaron el pasaporte cuando llegó. El 7 de marzo lo devolvieron a Kuala Lumpur, donde aún está y duerme en un asiento en la zona de embarque del aeropuerto. 

En Camboya admiten que los sirios reciben visas al ingresar, pero solo a aquellas personas que tiene los requisitos “gubernamentales” necesarios.
 

Y en Kuala Lumpur no puede entrar al país ni salir del aeropuerto. Está atrapado. 

“Creo en la humanidad no importa tu religión, tu color, tu etnia, así que para quienes dicen que tal vez yo soy un terrorista del ISIS… bueno, siento informarles que yo pertenezco a una minoría”, escribió en Twitter, este jueves. 

Funcionarios de la ONU y del gobierno de Malasia lo han estado entrevistado y Hassan llenó algunos formularios, pero qué sigue después. No lo sabe. 

Volver a su país no es una opción. Siria está sumida en una guerra civil desde 2011, y tambores de una invasión occidental suenan ahora con fuerza. Además está convencido que si regresa será detenido. 

Expulsado y rechazado en cada país que pisa, Hassan se siente humillado. Siente que lo trataron como a un “criminal”. 

“No sé qué decir o qué hacer –le dijo al Guardian–. Necesito una solución. Necesito un lugar seguro, donde pueda estar legalmente y con trabajo. Siria esta fuera de la cuestión, aún si me tengo que quedar acá para siempre. No quiero matar a nadie. No quiero que me maten. No es mi guerra”. 

 Fuente: Clarín