Boeing y Airbus estudian cómo prevenir el contagio en los vuelos

Según informaron las constructoras de aviones Boeing y Airbus, ambas empresas se encuentran trabajando con grupos académicos para estudiar cómo se mantiene el coronavirus en las cabinas de los aviones.

A partir de los trabajos realizados, los expertos se encuentran analizando si la luz UV podría ayudar a desinfectar las cabinas entre vuelos. “El tema no es menor, más allá que el aire en los aviones se filtra aproximadamente 15 veces por hora, es posible que ese sistema no alcance para detener a un virus como el COVID-19 y de esa manera dejar expuestos no proteger a los pasajeros si están sentados cerca de una persona enferma” señalaron.

Por otro lado, algunos expertos dicen que mientras los pasajeros usen máscaras, como lo requieren todas las principales aerolíneas estadounidenses, la propagación del virus será limitada aunque eso no alcanza para convencer a millones de personas a volver a subirse a un avión luego de la pandemia.

En ese sentido, desde las empresas aseguraron que “hay que neutralizar cualquier virus en vuelo, evitar que cualquier enfermedad pueda propagarse en el avión adoptando un enfoque sencillo para desarrollar una forma de minimizar los riesgos a medida que buscan una forma de reiniciar los negocios en medio de la pandemia”.

Así, según indicaron “la luz ultravioleta podría ser la clave. Su uso podría ser fundamental para matar las partículas que quedan en las superficies de los pasajeros infectados”. Según el Wall Street Journal, las compañías “se han comunicado con académicos, doctores, ingenieros, compañías privadas y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades para ayudarlos en sus esfuerzos”.

El primer paso fue descubrir cómo se mueve el virus en los aviones. Los aviones están equipados con sistemas de ventilación de alta potencia que reemplazan todo el aire en la cabina aproximadamente 15 veces en una hora. La preocupación es que la tos o el estornudo de un pasajero cercano podría infectar a alguien mucho antes de que se filtre el aire.

Estudios anteriores de SARS, otro coronavirus que desencadenó epidemias en todo el mundo en 2002 y 2003, descubrieron que los pasajeros sentados cerca de alguien infectado tenían un mayor riesgo de contraer la enfermedad que aquellos que se sientan más lejos.

Lo mismo puede ser cierto para el SARS-CoV-2, que causa COVID-19, pero los investigadores están buscando nuevos indicios para hacer modelos matemáticos específicos de la propagación del nuevo virus en sus aviones.

Por otro lado, una segunda fase igualmente importante de sus estudios será identificar formas de prevenir la propagación en vuelo del coronavirus. Los estudios continúan respaldando la capacidad de las máscaras, incluso las de tela, para prevenir la propagación del coronavirus, y los expertos recomiendan que se requieran las cubiertas faciales para viajar en avión.

Las mismas pruebas ya se están realizando en otros sistemas de transporte en la ciudad de Nueva York, donde la Autoridad de Tránsito Metropolitano está llevando a cabo una prueba con luz UV para desinfectar los vagones del metro.

El mes de abril fue dramático para la industria, el promedio de asientos ocupados por vuelo fue de apenas 10 por cada vuelo doméstico en los EE. UU. En mayo ese número aumentó a 39 y el uso de máscaras se convirtió en una obligación para cada pasajero.

En junio la ocupación de los asientos volverá a aumentar pero todavía muy lejos de los niveles pospandemia. Para la economía y para la industria aeronáutica los próximos meses serán clave. El trabajo de científicos en Boeing y Airbus será vital para la reactivación de otras industrias gigantescas como el turismo y para las miles de personas que dependen de ello en todo el mundo.